Paso a pasito, ¡sí se pudo! La carrera que me hizo darme cuenta que algo me detenía - Contrapeso Contrapeso

Paso a pasito, ¡sí se pudo! La carrera que me hizo darme cuenta que algo me detenía

La importancia de tener una meta propia que te haga sonreír cuando pienses en ella

CIUDAD DE MÉXICO.- Constantemente escuchamos sobre metas, objetivos y logros (en el trabajo y en lo personal), pero a veces olvidamos que debemos hacerlos propios para que realmente sean nuestros.

Me gustaría platicarles sobre una meta que me propuse –sin saber que tenía varios meses haciéndola– y qué tuve que decirme para lograrla sin boicotearme.

Hace unas semanas, cubriendo una conferencia de prensa, mi novio, un amigo y yo nos propusimos hacer una carrera virtual. En ese momento, el pánico se apoderó de mí: “¿carrera?”, “ejercicio de caminata?”.

Llevo varios años practicando natación y aunque podría decir que para mí es un poco más “cansado”, me fascina y me siento “dentro de mi zona de confort” (todo está bien y no me pasa nada malo).

Desde que comenzó la cuarentena cerraron las albercas, por lo que mis médicos recomendaron que saliera a caminar cerca de mi casa con todas las medidas de protección (cubrebocas, lentes, careta y sana distancia).

Poco a poco fui aumentando ritmo y kilómetros y reduciendo tiempo. Cuando decidimos hacer la carrera me di cuenta que llevaba 4 o 5 meses caminando alrededor de 5.5 o 6 kilómetros al día, ¡y todo ha estado bien!

¿Cómo empezó mi miedo a hacer caminata o correr?

Hace algunos años me diagnosticaron una enfermedad autoinmune, Esclerosis Múltiple para ser precisa, y aunque no hablo de ello con personas que no conozco, creo que esta vez vale la pena hacerlo.

Pocos días antes de que me diera el primer brote (así se llama a los episodios de aparición de síntomas neurológicos –como problemas motores, falta de fuerza en los músculos o alteración del tacto–), fui a un gimnasio.

Mi primer brote fue el día que murió una tía muy querida; usualmente la enfermedad “se dispara” por un episodio de estrés… está de más decir por qué pasó. La rodilla izquierda no me respondía y no pude caminar durante dos semanas.

Los siguientes meses me realicé exámenes para descartar enfermedades recurrentes –como hipertensión, diabetes, EPOC, etc.–, pero, por supuesto, no salía nada inusual. También me propuse hacer ejercicio, por lo que comencé a hacer ejercicio la elíptica.

Debo decir que me sentía increíblemente bien, pero tuve otro brote muy fuerte. En el transcurso de esas semanas salieron los resultados de mi enfermedad.

Decidí tomar terapias psicológicas. Tuve el duelo necesario y siempre me sentí cobijada por mi pareja, familia, amigos, jefe y compañeros de trabajo.

Sólo que automáticamente mi cerebro vinculó este tipo de ejercicio con los brotes. Neurólogos, ortopedistas, mi terapeuta, coaches, mi novio, me dijeron que había sido una casualidad, ¡y claro que fue una casualidad, como no sabíamos qué tenía, no estaba medicándome!

Así, decidí que solamente practicaría natación…

Mi Creencia Limitante y cómo la rompí

En coaching, llamamos “creencias limitantes” a aquellas percepciones de la realidad que nos impiden crecer positivamente como personas o alcanzar aquellas cosas que nos ilusionan. Son esos pensamientos que nos decimos y los creemos “como ciertos” porque para nuestra mente lo son.

Cuando me di cuenta que llevaba más de 5 meses caminando 6 kilómetros diarios, una de las ilusiones más grandes se apoderó de mí. ¡Estaba hecho! Sin quererlo ni saberlo, “había roto con mi maleficio”

A partir de ese momento, de lunes a viernes, de 7:30 a 8:30 de la mañana, mi energía y pensamientos positivos sólo se enfocaban en una meta: ¡la carrera virtual que realizó la Universidad Tecnológica de Cancún!

¿Tuve que prepararme físicamente? Sí y no. En realidad, llevaba meses haciéndolo; lo que sí debía hacer, era seguir con el entrenamiento y el ritmo.

Dos semanas antes de la carrera me pegué con un tubo de fierro y me rompí un dedo del pie: en ese momento comenzó la verdadera preparación, que fue la mental.

Mi ortopedista me advirtió que, para decidir si podría hacerla, el dedo tendría que evolucionar satisfactoriamente. Hice todo lo que me pidió, pero la batalla diaria era con mis miedos más profundos.

Algunas frases que pasaban por mi mente eran: “¿Fue mala suerte pegarme o el destino me está diciendo que no debo hacer este tipo de ejercicio?”, “¿estaré haciendo lo correcto?”, “¿podría provocarme un brote?”

Aun así, aproveché algunas técnicas de coaching para ayudarme. Tracé una meta, enfoqué mis pensamientos hacia lo positivo (lo negativo simplemente dejaba que se fuera de mi mente, sin controlarlos) y dejé de exigirme tanto.

Tres días antes de la competancia, el médico me dijo que comenzara a caminar por más tiempo para ver si podía hacer la carrera sin que me doliera ni me forzara.

¡Y por fin llegó el día! La 4ª Carrera de la Universidad Tecnológica de Cancún “Hagamos del Turismo una Meta” (esta vez virtual) daba el banderazo de salida con la presencia de la presidente municipal de Benito Juárez (Cancún), Mara Lezama, y el gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín.

Nosotros comenzamos a calentar –desde la Ciudad de México–. Habíamos trazado una ruta dos días antes para que, si bien me iba, llegara a los 3 kilómetros (aunque yo me había suscrito para la de 5K y él para la de 10K).

Mau me acompañó en cada paso que di ese día y no me dejó sola ni un solo segundo.

Con una playlist que me recordaba qué tan feliz era en ese momento y por qué significaba tanto esta carrera, fuimos por 1, 2 y 3 kilómetros. Me sentía perfectamente, así que decidimos seguir, ¡e hicimos nada más y nada menos que 7K!

El tiempo que hicimos fue de una hora y media (mucho más de lo planeado en los meses anteriores), aunque en realidad no me importó, pues estuve enfocada en el rendimiento.

He de confesar que los días anteriores creé en mi mente una y otra vez diferentes escenarios e imaginaba mi sentir. Cuando terminamos la ruta que habíamos trazado, no pude evitar llorar de felicidad.

Aunque las medallas serán importantes para recordarme que sí pude vencer uno de mis miedos más grandes, siempre recordaré esta carrera como una de las más importantes: aquella que me impulsó, me motivó y que me hizo decir “¡puedo con esto y con más!”

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